Un hombre sin estudios es un ser incompleto.
El arte de vencer se aprende en las derrotas.
La constancia ha triunfado siempre.
JÓVENES GRADUADOS
Como ven he seleccionado este medio para dirigirme por última vez a ustedes y sin falsa modestia ensayé varios textos:
Una despedida… no, porque las despedidas son tristes. Un sermón… tampoco, ya les largué muchos.
Plantear la última ecuación… ó como siempre: la costumbre y la pretensión, ¿porqué no la última lección? Pero, en un área tan complicada como la enseñanza, donde la verdadera ciencia no lleva aún a nada, tenemos que confiarnos a una sabiduría tradicional de un elemental sentido común. Sólo estamos ciertos como dice Aguilar Camín de que: “la fuerza que mueve y transforma al mundo no es la de las máquinas, la de las armas, ni la del dinero, sino la fuerza del conocimiento”.
Entonces, en lugar de la última lección, ¿Por qué no la última cuestión? la que tiene que ver con esa inquietud que casi siempre tenemos los que tratamos con personas.
¿Fuimos buenos guías?
¿Predicamos con el ejemplo?
¿Los enseñamos a ser libres, críticos, justos?
Nuestras responsabilidades como profesores son tan complejas y frecuentemente tan contradictorias, las exigencias tan ineludibles y los riesgos de fallar tan grandes, que uno debe considerarlo seriamente antes de dedicarse a este trabajo, que encierra grandes probabilidades de fracaso y de desilusión.
Nosotros –los que creemos en ustedes- tenemos virtudes y defectos, lo importante es que estén conscientes de esto, para que nada los tome desprevenidos y no sufran desengaños; pero sobre todo, para que también aprendan de nuestros errores. Sus padres, mis compañeros y yo, no dudamos que en ustedes y a pesar de nuestras equivocaciones, las luces superarán a las sombras.
Esperamos que exploten todas sus inteligencias, recuerden que detrás de cada triunfo está la motivación que constituye su cimiento: el mismo esfuerzo puede nacer del miedo y la coacción, del deseo ambicioso de autoridad y honores; o de un interés genuino y un deseo de verdad y comprensión.
¡Qué sea está última motivación la que determine siempre sus esfuerzos!
Quiero concluir mi mensaje contándoles una historia -al parecer de Jorge Bucay-.
Trata de un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda:
“—Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho agregó:
—Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado.
Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda.
Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
Luego de ofrecer la joya a toda persona que se cruzaba en su camino y abatido por su fracaso regresó.
—Maestro lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera obtener dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
—Qué importante lo que dijiste joven amigo -contestó sonriente el maestro- Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quiero vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo, lo pesó y luego le dijo:
—Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.
— ¡58 MONEDAS! -exclamó el joven-
—Sí, -replicó el joyero- Yo sé que con el tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas. Pero no sé...si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
—Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño”.
JÓVENES: —Todos somos como esta joya, valiosos y únicos y andamos por la vida pretendiendo que gente inexperta nos valore.
SIEMPRE RECUERDEN LO MUCHO QUE USTEDES VALEN, AUNQUE QUIZAS, ALGUNAS PERSONAS A SU ALREDEDOR NO LO DESCUBRAN O NO SE LOS DEMUESTREN. ESTE MENSAJE ES MI RECONOCIMIENTO A TODOS Y CADA UNO DE USTEDES.
RECUERDEN: “Nadie tiene el derecho de hacerlos sentir inferiores”
-Que terminar la prepa o el bachillerato sea sólo la culminación de una etapa y el inicio de otra superior. Vayan a la universidad por conocimientos, no por calificaciones. No menosprecien y olviden a los que no tuvieron o no tienen la oportunidad de educarse, sólo porque tienen que trabajar para sobrevivir. Sean sencillos, honrados, honestos, auténticos, integrales, diferenciales… Ah, no, ¡esto ya no!
Yo quiero estar siempre ¡Orgulloso de ustedes!
¡Éxito y felicidades!